Segovia sin acueducto

Durante los momentos más duros de la pandemia el consumo cultural se disparó hasta convertirse en algo imprescindible, casi siempre por medios digitales, ayudando a mantener despierta a una ciudadanía que estaba encerrada en casa y encontró en la cultura en sus diferentes formas una manera de seguir conectada con el mundo. Ahora, en la nueva normalidad el acercamiento a la cultura y en concreto, al patrimonio histórico, a través de los museos y los yacimientos arqueológicos situados a menudo en el ámbito rural se está percibiendo como un medio seguro de aprovechar las vacaciones y de enriquecerlas con las tan mencionadas experiencias culturales en el marketing turístico.

Muchos lugares han vuelto los ojos a nuestro pasado y a nuestra cultura para convertirlo en el polo de atracción de cara a un verano atípico en el que nuestro patrimonio cultural atraiga al ansiado turismo interior.

Cabe preguntarse qué reciben a cambio los profesionales que han hecho posible esto, desde el ámbito académico al privado con propuestas de estudio, turismo y divulgación, o acompañando a la obra civil y evitando así la destrucción de nuestro patrimonio. La crisis vivida con la Covid 19 ha caído sobre otra estructural, arrastrada desde antiguo en el sector, y ha premiado a los profesionales, a menudo, con:

  • Cese de la actividad: según la encuesta que realizó la Plataforma Estatal de Profesionales de la Arqueología en abril, más de la mitad del sector iba a ver mermada su capacidad productiva hasta el cierre definitivo o el cese temporal de la actividad, con unas pérdidas que se estimaban en 36 millones de euros en los primeros tres meses del estado de alarma. En plena crisis se consiguió el compromiso de una reunión con el Ministerio de Cultura y Deportes, encuentro que todavía no se ha producido y en el que los profesionales de la arqueología esperan alcanzar algo más que el nulo respaldo conseguido por disciplinas afines.
  • Olvido en los medios de comunicación, que tradicionalmente se ocupan de la arqueología en época estival y que, a menudo, prestan más atención a los anecdóticos “descubrimientos” protagonizados por “aficionados” a la arqueología, dando carta de naturaleza y máxima difusión a actvidades que serían impensables en otros ámbitos profesionales: ¿se aceptarían noticias sobre ingenieros aficionados que han construido puentes, médicos aficionados que diagnostican enfermedades? Sin embargo, en el ámbito de la arqueología parece no haber problema en admitirlas, incluso cuando su difusión avala incluso el uso de actividades expresamente prohibidas.
  • Con frecuencia, se minimiza la labor del arqueólogo profesional detrás de titulares sensacionalistas que buscan comparaciones que pretenden dar valor a un resultado que, a ojos de quien escribe, no parece existir: por eso es necesario recurrir a comparaciones como “La Pompeya de…” o “Los Indiana Jones de…”, que lo que provocan es la invisibilización y el desconocimiento de la labor de la arqueología profesional.
  • Falta de reconocimiento por parte de las administraciones: rara vez se reconoce desde la Administración el trabajo de los profesionales que se dedican a la arqueología desde perspectivas muy variadas, copmo investigación, divulgación, guías del patrimonio, protección, acompañamiento de las obras civiles, y que están en primera línea en la salvaguardia de un patrimonio cultural que pertenece a toda la ciudadanía.
  • La arqueología profesional sufre también la utilización política de su trabajo. A menudo, las noticias sobre arqueología las capitalizan profesionales de otros sectores, cuando no directamente políticos, mientras que a menudo ni siquiera se menciona a los profesionales de la arqueología.
  • Competencia desleal: en un mercado precario, en épocas de crisis, el colectivo de la arqueología profesional da más que nunca la espalda a la idea de que “la unión hace la fuerza” y, en lugar de trabajar por la consolidación del colectivo, quienes encuentran un mínimo altavoz a sus palabras se manifiestan en contra de los intentos de organización y consecución de objetivos comunes, se atribuyen funciones que no tienen y que ni ejercen, ni dejan ejercer. A cambio, la autocrítica debería ser un ejercicio cada vez más común en el sector de la arqueología profesional.

#somosarqueologia #somoscultura #somosfuturo

Con los hashtags #somosarqueologia #somoscultura #somosfuturo queremos hacer una llamada de atención tanto a la sociedad como a los responsables políticos y a los medios de comunicación para que mediten sobre las personas que han hecho posible la existencia, investigación, protección y conservación de los lugares patrimoniales que están visitando durante estas vacaciones tan extraordinarias.

¿Qué sería de Segovia sin el acueducto? ¿Burgos sin Atapuerca o la catedral? ¿Mérida si su teatro o su alcazaba? ¿Toledo?….

La arqueología es una de las pocas profesiones relacionadas con el patrimonio cultural que no está reconocida oficialmente por las administraciones, cuya manifestación más clara es la ausencia de un epígrafe propio en el CNAE. Algo que proporciona una serie de contrapartidas como el reconocimiento de enfermedades laborales, la posibilidad de redactar convenios colectivos, la creación de categorías profesionales o, en el caso concreto de la crisis más reciente, la definición de ayudas específicas para el sector.

Socialmente, la arqueología está relacionada con una serie de estereotipos que no están adaptados a la realidad. Los profesionales que se dedican a esto están altamente cualificados, son titulados superiores con conocimientos en nuevas tecnología, documentación y otras disciplinas afines: arquitectura, biología, químicas… Han sido precursores de movimientos sociales y ponen a su disposición el conocimiento del pasado para crear valor, tanto económico, educativo y social.

Si no sabes muy bien lo que hacen quienes se dedican a la arqueología, piensa en tu ciudad, pueblo o cualquier lugar de residencia sin aquellos elementos con los que ya se identificaban tus antepasados y que sirven para ser visitados y reconocidos en otros lugares.

Imagínate tu lugar sin identidad propia.

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